Titanic

Extracto del Boletín Semanal


Octubre 09, 2016

Si viste la función de la película ‘Titanic’, sabes lo suficiente acerca de lo que ocurrió el 14 de Abril de 1912, sobre el navío que “ni Dios mismo podría hundirlo”, el hecho es que naufragó. De las 1528 personas que cayeron al agua, apenas 6 fueron rescatadas.

Pero, ¿sabías que una de estas seis personas fue salvada dos veces en aquella noche?. Su historia es un aviso inspirador de que la vida vale más que apenas sobrevivir.

Para contar la historia de éste hombre, entretanto, es necesario que primeramente, yo te hable de otro, un escocés llamado John Harper.

Este ministro del Evangelio embarcó en el Titánic acompañado de su hija Nana, de seis años. Planeaba viajar hasta la Iglesia Moody, en Chicago, donde había sido invitado para predicar durante tres meses.

Cuando el navío se chocó en el fatídico iceberg y comenzó a hundirse, Harper se preocupó con la seguridad de su hija colocándola en uno de los botes salvavidas. Él entonces hizo la última evangelización de su joven existencia. A la medida que las aguas heladas comenzaron a invadir al navío oyeron a Harper gritando: “Dejen que las mujeres, los niños y los que no son salvos todavía embarquen en los botes salvavidas”.

Los sobrevivientes relataron que Harper se quitó su propio chaleco salvavidas y lo dio a otro hombre. “No se preocupe conmigo”, dijo. “Yo no estoy yendo para abajo, estoy yendo para arriba”.

Cuando el navío comenzó a hundirse, más de 1500 pasajeros saltaban o caían en las aguas heladas.

Mientras ellos se hundían gradualmente o se congelaban hasta la muerte, Harper fue visto nadando entre los pasajeros, convenciéndoles a cada uno de aceptar a Cristo.

Apenas seis de las 1500 personas que luchaban dentro de las aguas fueron rescatadas, incluyendo un hombre que más tarde se identificó como el último convertido de Harper.

Este joven había subido sobre un montón de restos del naufragio. Harper, que luchaba en las aguas muy cerca de él gritó: “¿Usted es salvo?”. “No”, respondió el hombre. Harper entonces gritó las palabras de las Escrituras: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”.

El hombre no respondió, y momentos después, fue llevado lejos por las olas.

Algunos minutos más tarde, la corriente colocó a los dos hombres próximos uno del otro. Nuevamente Harper preguntó: “¿Usted es salvo?”. Una vez más la respuesta fue: “No”. Con el último soplo de su respiración, Harper gritó: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”.

El entonces se sumergió debajo de las olas por última vez. Allí, en aquél momento, el hombre a quién Harper hablara de Cristo, decidió entregar su vida a Él.

Cuatro años más tarde, cuando los sobrevivientes del Titanic se encontraron en Ontario, Canadá, éste hombre en lágrimas dio su testimonio, contando cómo John Harper lo condujo al Señor Jesús.

Yo no necesito decir que ésta dramática historia jamás hizo parte de una película.

Vivimos en una cultura que parece más interesada en historias de ficción, romance, sexo ilícito y joyas caras, de que en el verdadero romance entre Dios y Su pueblo.

Cuando hables con tus amigos que vieron esta película, cuéntales el ‘resto de la historia’.

Diles acerca del joven cristiano escocés que dio testimonio de Cristo con su último suspiro.

Preocúpate que también que tus hijos conozcan la historia.

John Harper nos recuerda (Entre otras) una gran lección, el secreto de los siglos:

“La vida vale mucho más que simplemente sobrevivir”.

¡Que Dios los bendiga!
Ps. Marisa Varjabedian